Recuerdan golpe con lecturas
"-¿Se puede saber para qué hacemos huelga? - gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.
- ¡Al fin una buena pregunta! - exclamó Víctor, entusiasmado, y
ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que
trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de
dinero... y que patatín y que patatán. Y que patatín fue el consejo de
hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser
libres... Y que patatán fue la orden de huelga general.
("Un elefante ocupa mucho espacio", Elsa Bornemann)
"Yo
forme parte de un ejército loco/ tenía veinte años y el pelo muy corto/
pero, mi amigo, hubo una confusión / porque para ellos el loco era yo"
("Botas locas", Sui Generis)
Los alumnos que transitaron las
escuelas públicas de Argentina entre 1976 y 1983, jamás hubieran podido
en sus aulas conocer las andanzas del elefante Víctor, o tararear las
desventuras del soldado que no quería guerra en clave de rock.
La idea es debatir textos prohibidos durante el régimen militar.
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Ahora, para conmemorar el Día Nacional de la Memoria que marcó este
martes el trigésimo tercer aniversario del último golpe militar-,
textos prohibidos durante aquellos años en el país son objeto de debate
y reflexión escolar.
La iniciativa, promovida por la Dirección de Cultura y Educación de la
provincia de Buenos Aires, propone recuperar obras literarias y
canciones de autores argentinos como un ejercicio de "restitución de
una parte del patrimonio cultural" que sobrevivió en la clandestinidad.
"Mediante la lectura, que es una problemática
cultural de nuestra época, proponemos una actividad simbólica, de
descubrir lo prohibido y sus significados. No obligamos a los docentes
a modificar sus clases, respetamos su libertad de cátedra. La idea es
fomentar la discusión y la participación", le dijo a BBC Mundo el
subsecretario de Educación de la provincia de Buenos Aires, Daniel
Belinche.
El proyecto está pensado para alcanzar a
los 5 millones de alumnos y 300.000 docentes de la provincia, con una
variedad de textos recomendados para las distintas edades.
Para
este martes se propuso la lectura en voz alta, seguida de la
circulación de textos entre docentes y alumnos y el debate no sólo del
carácter poético de las obras, sino de su contexto histórico y de las
nociones de prohibición y censura.
"Si bien es
cierto que Argentina sufrió una derrota estructural, con miles de
muertos y desaparecidos, también es cierto que hubo una victoria
cultural, y en el escenario de hoy es muy difícil que puedan darse las
condiciones para una prohibición de la lectura como la que hubo en los
años setenta", reflexionó Belinche, quien abrió las sesiones de
narración ante un grupo de niños de primer grado, en la ciudad de La
Plata.
La "lista negra"
El registro de obras prohibidas por el régimen militar, que estuvo al
frente del país entre 1976 y 1983, no hace distinción entre cuentos
para niños, ensayos políticos, historietas y música de rock.
Se cumplieron 33 años del golpe militar de 1976.
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Por cierto, el ojo censor escudriñó particularmente la literatura
infantil, en busca de referencias consideradas inapropiadas,
desmoralizantes o fuera de tono.
Así, "Un elefante no ocupa mucho espacio", el texto de Elsa Bornemann,
fue vetado por narrar una huelga de animales, y "La Torre de Cubos", de
Laura Devetach, fue sancionado por su "simbología confusa,
cuestionamientos ideológicos-sociales (e) ilimitada fantasía", según
una resolución gubernamental de 1979.
Varios
análisis publicados tras el retorno de la democracia señalaron que, a
juicio de los militares, el relato de Devetach atentaba contra ciertos
valores tradicionales, como los familiares o religiosos, y cuestionaba
la noción de propiedad privada.
Pero hubo más, en un
catálogo de censura literaria establecida por decreto (que incluyó
hasta "El Principito", de Antoine de Saint-Exupery) fue prohibido por
ejemplo el cuento de Beatriz Doumerc, titulado "El pueblo que no quería
ser gris".
"El rey grande del país chiquito,
ordenaba, solamente ordenaba... Tantas órdenes dio, que un día no tuvo
más para ordenar. Entonces se encerró en su castillo y pensó, y pensó,
hasta que decidió: 'ordenaré que todos pinten sus casas de gris'"
La rebelión del pueblo, que empezó a teñir sus casas de rojo, azul y
blanco, fue leído como una incitación a la insubordinación, y llevó el
cuento a la "lista negra".
Príncipes, reyes y rebeliones
Entre las obras ahora recuperadas para la lectura, hay varias de
autores desaparecidos durante el régimen militar. Como Rodolfo Walsh,
con su "Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar" y "Operación
Masacre", o Héctor Oesterheld, el "padre" literario de "El Eternauta",
una historieta con guión políticamente comprometido.
En los años de las juntas militares, las quemas de libros estuvieron a
la orden del día. Una de las mayores tuvo lugar en junio de 1980 en la
sede del Centro Editor de América Latina, donde 25 toneladas de obras
consideradas "marxistas" y "subversivas" desaparecieron entre llamas
tras haber sido rociadas con gasolina, según relatan testigos de la
época.
Tampoco la música estuvo a salvo de controles
y restricciones. "Como la cigarra", de María Elena Walsh, y sus versos
sobre morir, matar y resucitar como un "sobreviviente que vuelve de la
guerra", fueron objeto de censura y, quizás como consecuencia, se
convirtieron más tarde en un himno a la resistencia política.
En el caso de Sui Generis, banda emblemática del rock argentino
encabezada por Charly García, los controles impidieron la edición de
"Botas Locas" y "Juan Represión", que fueron excluidas del disco
"Pequeñas anécdotas sobre las instituciones", de 1974.
Marchas por la memoria
En tanto, organismos de derechos humanos y agrupaciones de izquierda
organizaron en Buenos Aires una marcha para repudiar el golpe de 1976.
Miles de manifestantes se concentraron en la Plaza de Mayo. Allí,
reclamaron por la aceleración de los juicios a militares, que "avanzan
con lentitud" y "que continúan consagrando la impunidad de los
represores", según expresaron desde el podio representantes de la
Asociación Madres de Plaza de Mayo, que reclaman por las víctimas de la
represión ilegal.
Además, en la localidad de
Florencio Varela, en las afueras de la capital, se llevó a cabo un
simbólico "bautismo": el de una escuela que quiso dejar de llevar el
nombre del teniente general Pedro Aramburu, presidente de facto de la
Revolución Libertadora (1955-1958) para adoptar el del escritor y
militante de izquierda Rodolfo Walsh.
"Sobre la
petición de esta institución se elaboró una resolución que impide que
las escuelas lleven nombres de dictadores o de presidentes de facto, o
personas que tuvieran imputados crímenes de lesa humanidad", detalla a
BBC Mundo el subsecretario Daniel Belinche, quien anticipa que otros
colegios sumarán pedidos similares tras los actos del Día de la
Memoria.